Por qué es importante conservar las razas autóctonas de gallina

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Razas de Gallinas Españolas: importancia de su conservación
   11 de julio de 2018

Razas de Gallinas Españolas: importancia de su conservación

Con el fin de rescatar y divulgar los conocimientos aportados por distintos colaboradores de la revista AVIOCIO, hoy publicamos las reflexiones del recordado y admirado Doctor Amadeu Francesch en torno a las razas de gallinas autóctonas y a la avicultura de ocio ante la importancia de su conservación.

La conservación de las razas autóctonas de gallinas

Debemos considerar que una población constituye una raza en el momento que sus ejemplares comparten un conjunto de características que se han acumulado por selección sobre las mismas, son las que dotan de uniformidad a la población y se transmiten a la descendencia y se manifiestan de la misma forma. El hecho de que existan razas diferentes lo permite que la selección incida sobre características diferentes, favoreciendo unas y actuando en contra de otras.

La naturaleza es el primer elemento que actúa en la formación de razas y, en el momento que ello tiene lugar en estado salvaje, se llega a un aislamiento reproductivo y puede tener lugar la formación de especies diferentes.

Cuando en la domesticación, además de la naturaleza interviene el hombre, la selección opera en dos sentidos. Por una parte, la naturaleza selecciona a favor de la adaptación al medio y el hombre a favor de sus intereses. Cuanto más protegidos están los animales, la selección natural necesita actuar menos y los intereses humanos pueden actuar con más eficacia.

Siendo así, las razas que provienen de antaño, aquellas que se formaron en medios rurales, prácticamente al amparo de la naturaleza, tuvieron una incidencia muy importante en la selección natural. Era necesario que aquellas características morfológicas y productivas que buscaba el hombre quedaran protegidas por una fuerte adaptación al medio en el que tenían que ser utilizadas; de no ser así, con la falta de medicamentos y de instalaciones que protegieran a los animales de las inclemencias del tiempo, la población sucumbiría. Todo ello es lo que dio lugar a las razas que denominamos autóctonas, razas necesariamente adaptadas a unas condiciones ambientales determinadas, en las que se han forjado. 

No obstante, diríamos que una raza, no llega a ser raza, hasta el punto en el que el hombre, que ha sido quien ha dirigido la parte morfológica y productiva, no plasma en un documento las características morfológicas que desea para la raza. Es decir, no la define y con ello contribuye a que la comunidad actúe en la misma dirección sobre la selección de aquellos animales  y por tanto se conseguirá una población uniforme, diferenciada de otras de la misma especie y adaptada a unas condiciones ambientales concretas. Este documento será lo que conocemos como patrón racial. Si éste no existe difícilmente se llegará a la raza y nos encontraremos ante una agrupación animal autóctona, otras veces llamada agrupación racial. 

La raza autóctona es fruto de una interacción entre el hombre y la naturaleza. Por tanto, lo primero a considerar de cara a la importancia de su conservación es esta adaptación al medio. Una población animal, apta para ser criada en condiciones ambientales carentes de lo que afortunadamente nos ha permitido la tecnología y los avances científicos, es un valor incalculable y esta es una primera razón que justifica su conservación. La selección de las aves que se utilizan actualmente en alta producción se ha realizado muy al margen de las inclemencias del ambiente, tanto por lo que se refiere al clima, como a la presencia de microorganismos patógenos. Se han obtenido animales altamente productivos al amparo de unas condiciones muy artificiales y poco favorecedoras de que actúe la selección natural. Las autóctonas, por tanto, deben seguir constituyendo un reservorio para poder actuar en el momento que, por lo que fuera, estas condiciones más artificiales presentaran algún problema.

No podemos olvidar tampoco que las razas autóctonas, al igual que un tipo de vasijas, cántaros, etc. son fruto de una forma de pensar, de una forma de operar, de unas necesidades, etc. que ha tenido el hombre a lo largo de la historia y por lo tanto como aquellos vestidos, o aquellos utensilios constituyen un patrimonio cultural de gran valor.

Sus producciones de carne y huevos, bien diferenciadas de las que denominamos comerciales y, por supuesto, más caras nos siguen dando una diversidad de prestaciones culinarias, de sabores y, muchas veces, de contenido alimenticio más saludable. Obviamente son unos productos que no se pueden consumir todos los días pero pueden contribuir a dar variedad a nuestras dietas, y por lo tanto poder mantener y utilizar esta riqueza es importante. 

La utilización de razas para obtener otras razas nuevas, combinando características de unas con las de otras y así obtener un nuevo animal que presente juntas características que teníamos por separado en varias razas, es un proceso que conocemos como obtención de razas sintéticas. Las razas sintéticas unas veces se han formado con finalidades productivas y otras con finalidades ornamentales o únicamente atendiendo a características morfológicas. En un principio, antes de que las aves de uso habitual en producción fueran híbridos, en la raza sintética se buscaba reunir la producción con la belleza o determinados caprichos morfológicos.

La raza sintética, en principio no es absolutamente autóctona, puede ser originaria de un país o zona geográfica donde se ha obtenido, pero no se ha formado necesariamente con razas autóctonas, ni, como antaño, bajo las presiones del medio natural en el que ha surgido. 

Dejaremos aquí de preocuparnos de las razas sintéticas que, como las autóctonas, pueden tener interés desde diferentes puntos de vista, tanto si nos referimos a una avicultura más cercana a lo productivo, como a una avicultura más cercana al ocio.

Hemos definido la raza autóctona y justificado la importancia de su conservación. Nos deberíamos preocupar aquí de la avicultura de ocio ante una labor importante de conservación de razas autóctonas y de cómo esta debería proceder.

La avicultura de ocio es un elemento importante que suma la conservación de razas autóctonas. El ocio en avicultura ha existido y existirá, y en algún momento hemos dicho que es inherente al ser humano, pero de por sí no es un elemento absolutamente seguro para la conservación de razas autóctonas.

La avicultura de ocio debe participar y disfrutar en la conservación de las razas autóctonas, pero por encima debe haber la conciencia de la importancia de su conservación y organizarla en base a unos conocimientos y técnicas de las que se tiene que nutrir la avicultura de ocio.

La conservación de razas autóctonas no se debe dejar únicamente en manos de unas asociaciones de criadores o de unos avicultores aficionados. Por encima, la administración debe cuidar de que existan unos centros especializados en la conservación, estudio y conocimiento de las razas. Unos centros que aseguren que los especialistas no estén dispersos y las razas se puedan encontrar reunidas. Y ello, muy especialmente para aquellas razas que únicamente se conservan y no son de mucha utilidad productiva en un momento dado. Centros que aseguren la existencia de unas poblaciones controladas donde las asociaciones de criadores y avicultores aficionados puedan nutrirse de los conocimientos y orientaciones de sus técnicos, obtener animales de confianza y sumarse así a una labor de conservación que contribuya a no tener las poblaciones totalmente centralizadas

Si bien, aunque se está fomentando la conservación de las razas autóctonas, la actividad técnica se halla bastante dispersa, poco dedicada a la conservación en sí, en algunos casos las colecciones no son de garantía y algunas veces no queda claro si se trata de una raza autóctona. Asimismo, el avicultor no tiene acceso fácil a un asesoramiento técnico sobre el cómo y el qué de la raza, de manera que cada uno va un poco por su cuenta. Se llega en algún momento a confundir la raza autóctona con un patrón racial, de manera que se llega a un punto que es más importante que prevalezca el patrón perfecto, que no el genotipo autóctono y la misma afición lleva al cruce buscando mejorar ciertas características exterioristas a la vez que se pierde lo autóctono. El proceso está bien para las razas sintéticas, cuando la raza tiene más interés por su morfología que por su genotipo, pero en la raza autóctona tiene interés el genotipo. Y sí que se tiene que cuidar lo morfológico, que contribuye en identificar la raza, pero la perfección morfológica no debe sacrificar lo que le da categoría de autóctona. En todo caso será preferible modificar algo el patrón.

Considerando, por tanto, una labor importante de los avicultores de ocio hacia un hecho importante también que es la conservación de razas autóctonas, debemos procurar y desear que una revista como esta pueda contribuir en divulgar este “qué son”  y este “cómo hacer” sobre estas razas y constituya un instrumento de referencia que contribuya en la conservación de ese patrimonio.

Textos de Amadeu Francesch Vidal para la revista AVIOCIO ( número 4)

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