El sabor de los huevos no es casual. La alimentación, el entorno y la vida de la gallina influyen directamente en el aroma, la textura y el sabor del huevo.
La verdad que se esconde detrás del sabor de un huevo
Si alguna vez has probado un huevo de gallinas bien cuidadas y lo has comparado con uno industrial, seguramente te has hecho esta pregunta: ¿por qué no saben igual los huevos?
En Finca Casarejo lo decimos siempre muy claro: los huevos saben a lo que comen las gallinas.
Y no es una frase bonita: es una realidad biológica, nutricional y sensorial.
El huevo no es un producto neutro
El huevo es uno de los alimentos más completos que existen, pero también es un reflejo directo de la vida de la gallina.
Todo lo que ella come —y cómo vive— acaba influyendo en el sabor, el color de la yema, la textura y el aroma al cocinarlo.
La alimentación: la clave del sabor
Una gallina que come variado produce huevos con más matices.
En su dieta pueden aparecer cereales, hierbas frescas, semillas, insectos y restos vegetales naturales.
Todo eso enriquece el huevo.
¿Por qué cambia el color de la yema?
El color de la yema suele indicar la presencia de pigmentos naturales procedentes de la alimentación.
No determina por sí solo la calidad, pero da pistas claras sobre la dieta de la gallina.
El entorno también se nota en el plato
Gallinas con espacio, acceso al exterior y menos estrés producen huevos mejores.
Una gallina tranquila pone huevos mejores.
¿Saben todos los huevos a huevo?
Los huevos industriales suelen tener un sabor más neutro.
Los huevos de gallinas bien alimentadas tienen más aroma, más sabor y más personalidad.
El recuerdo del sabor de la infancia
Muchas personas dicen que los huevos de gallinas bien criadas recuerdan a los de antes.
No es nostalgia, es realidad.
Conclusión
Los huevos saben a la vida que ha tenido la gallina.