Enfermedades de las Gallinas: Enfermedades Bacterianas

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Enfermedades de las gallinas: enfermedades bacterianas en gallinas y otras aves de corral
   06 de julio de 2018

Enfermedades de las gallinas: enfermedades bacterianas en gallinas y otras aves de corral

Para evitar gran parte de las enfermedades de las gallinas y otras aves, nuestra estrategia debe estar fundamentada en la precaución, bioseguridad y el correcto manejo de las aves.

Las bacterias son microorganismos unicelulares, carentes de núcleo, que pueden sobrevivir por sí mismas en todo tipo de ambientes y tienen la capacidad de multiplicarse con facilidad. Los síntomas causados por este tipo de agentes patógenos varían en función del tipo de bacteria y de los órganos afectados. Los síntomas generales más visibles que provocan la mayoría de enfermedades bacterianas son apatía, depresión y afecciones respiratorias. Problemas digestivos como inapetencia y diarreas, o infecciones pulmonares son síntomas más específicos que pueden causar algunas enfermedades bacterianas. 

La estrategia más eficaz para alejar del aviario tanto focos de infecciones bacterianas como otros focos de agentes patógenos es la prevención, fundamentada en la precaución, bioseguridad y el correcto manejo de las aves. 

Evitar crear ambientes estresantes y la superpoblación del aviario, mantener niveles óptimos de ventilación en la zona de cría, el suministro de una dieta apropiada y equilibrada, dotar de agua abundante y nutrientes en buen estado de conservación y desinfectar de forma regular las instalaciones, así como todos los instrumentos utilizados en la cría y manejo de las aves son acciones imprescindibles que minimizarán el riesgo de contagio de enfermedades.                                                                                                                                                                                                            

 Algunas de las enfermedades bacterianas más comunes que pueden alterar el  funcionamiento de nuestros aviarios son:

MICLOPASMOSIS 

La micoplasmosis es una enfermedad aviar de índole respiratoria que, principalmente, afecta a gallinas y pavos, aunque en ocasiones también puede infectar a faisanes, perdices y patos. Los micoplasmas, responsables de esta patología, son microorganismos que por su tamaño se sitúan entre virus y bacterias. Las principales consecuencias derivadas de la micoplasmosis son la enfermedad respiratoria crónica (E.R.C.) de las gallinas, el síndrome de los sacos aéreos y la sinusitis infecciosa de los pavos, alteraciones que son causadas por el agente patógeno Mycoplasma gallisepticum.

El contagio de micoplasmas puede realizarse mediante transmisión directa por vía aerógena (a través de aerosoles y secreciones) o mediante el huevo, y por transmisión indirecta, por la aspiración de polvo contaminado, ingestión de agua de bebida en mal estado o a través de herramientas y utensilios también contaminados. 

Los micoplasmas también dañan el sistema inmunitario de las aves, por lo que facilitan la  acción secundaria de otras bacterias como la E. coli,  o los virus responsables de la bronquitis infecciosa y de la enfermedad de Newcastle, agravando así el curso de la micoplasmosis. El estrés, el “overbooking” de individuos en los aviarios, las corrientes de aire y tanto el frío como el calor extremos son factores que favorecen el desarrollo de esta enfermedad. 

Los síntomas más visibles que puede provocar la enfermedad respiratoria crónica son toses, estornudos, secreciones nasales y aerosaculitis. Además,  las aves se encuentran abatidas, su plumaje se encuentra erizado,  y respiran con el pico abierto. La principal alteración que provoca la sinusitis infecciosa es la inflamación de los órganos respiratorios, mientras que el síndrome de los sacos aéreos implica la congestión de estos órganos, abatimiento, inapetencia y la consecuente pérdida de peso. 

Un estricto programa de bioseguridad es la medida más eficaz para prevenir la micoplasmosis; una vez que la enfermedad haya trascendido, la medicación a base de antibióticos en una alternativa real, aunque los agentes patógenos causantes de esta patología como carecen de pared celular, son resistentes e invulnerables a algunos antibióticos. Por su parte, las vacunas inactivadas son efectivas y uno de los métodos más empleados para paliar la micoplasmosis. 

SALMONELOSIS AVIAR

La salmonelosis  es una enfermedad  altamente contagiosa que provoca que la fertilidad y la incubabilidad del huevo se vean ostensiblemente reducidas.  Las bacterias responsables de esta infección afectan principalmente a gallinas y pavos de cualquier edad,  sobre todo cuando se acercan a los tres meses de vida, aunque patos, faisanes y aves silvestres también pueden padecerla. 

La transmisión de la salmonelosis se produce principalmente a través de la ingestión de alimentos en mal estado y agua contaminada, excreciones infectadas, otros vectores como instrumentos y herramientas contaminadas y por vía transovarica.

Pérdida de apetito, palidez de cabeza, cresta y barbillas, considerable caída en la producción de huevos, diarrea blanca y otras lesiones del aparato digestivo que, incluso pueden desembocar en septicemias agudas, son los síntomas generales producidos por los agentes patógenos causantes de la salmonelosis. 

Existen diversas bacterias que pueden provocar distintos tipos de salmonelosis, siendo la pullorosis y la tifoidea aviar dos de las infecciones por salmonellas más habituales. La pullorosis, que está causada por la bacteria denominada Salmonella pullorum,  cuyos focos más agudos suelen producirse en aves de corta edad, provoca, generalmente, los siguientes síntomas: debilidad y temblores, dificultad a la hora de respirar, decaimiento de alas, erizamiento de plumas y diarrea blanquecina. Por su parte, la bacteria Salmonella gallinarum, es la causante de la tifoidea aviar, patología que en mayor medida, afecta a las razas más pesadas. Además de síntomas muy parecidos a los provocados por la pullorosis, las aves afectadas por tifoidea aviar padecen inflamación de órganos como el hígado, el bazo y los riñones.

La salmonelosis es una enfermedad aviar muy contagiosa, por lo que es imprescindible adoptar un estricto programa de bioseguridad. No existe un único método de tratamiento para combatir la salmonelosis. El tratamiento fundamentado en antibióticos es de eficacia limitada, ya que la salmonelosis se puede cronificar con facilidad, mientras que la aplicación de vacunas ayuda a limitar su acción.

CORIZA INFECCIOSA 

La coriza infecciosa, patología conocida comúnmente como “catarro de las gallinas”, es una enfermedad respiratoria que se agrava cuanto más adultas sean las aves afectadas. Los primeros brotes de esta patología, que es causada por una bacteria llamada Haemophilus paragallinarum, suelen aparecer en el momento en que se introducen en el aviario nuevos ejemplares que puedan portar este germen. La transmisión de esta enfermedad se produce por contacto directo, ya sea a través del aire, de exudados nasales o de aerosoles infectados aunque también podría producirse de forma indirecta a través de la ingesta de agua y alimentos contaminados.

Es habitual que la irrupción de esta enfermedad vaya precedida por una debilitación de las defensas y del aparto inmunológico del ave como consecuencia de que el clima reinante en el aviario sea húmedo y frío y en el ambiente coexistan corrientes de aire. Los niveles óptimos de humedad oscilan entre el 65% y 70%, por lo que una humedad superior a este porcentaje favorece la aparición de agentes nocivos, hecho que beneficia las infecciones catarrales y la acción patógena de las bacterias.  

Los síntomas más visibles que puede provocar esta enfermedad son tumefacción en la zona inferior ocular, lesión que puede dañar a largo plazo la visión del animal, edemas en la zona facial, estornudos y secreciones nasales y oculares. Éstas últimas  son las responsables de que, en ocasiones, los párpados de las aves afectadas se peguen. Esta patología puede provocar un estado general depresivo en el ave afectada, una considerable caída en la puesta, así como una disminución en el consumo diario de agua y alimentos. Además, es frecuente que la coriza infecciosa actúe como agravante de otras infecciones respiratorias.  

La prevención, fundamentada en el correcto manejo de las aves y en un minucioso programa de bioseguridad, es la estrategia más eficaz para controlar la coriza infecciosa. 

No existe un procedimiento concreto para neutralizar esta enfermedad. Los fármacos ayudan a controlar su propagación y evitar otras posibles infecciones, pero en fase crónica su efecto es limitado. Las vacunas inactivadas, que deben ser supervisadas por un veterinario, aunque no inmunizan, suavizan el alcance de la enfermedad y se erigen como la medida más eficaz para combatir esta afección.

COLIBACILOSIS AVIAR

La colibacilosis aviar es una enfermedad bacteriana que afecta a todo tipo de aves de todas las edades, principalmente a ejemplares de 4 a 8 semanas de vida. Las cepas patógenas de la bacteria Escherichia coli son las responsables de esta compleja enfermedad, cuyo nombre proviene del bacteriólogo austriaco - alemán Theodore Escherich, quien a finales del siglo XIX descubrió esta bacteria. 

La transmisión de esta enfermedad se produce principalmente por la ingestión de agua contaminada y de alimentos en mal estado. Además, el incorrecto manejo de las aves,  instrumentos y utensilios contaminados y el contacto con heces o materia fecal pueden constituir otras vías de transmisión de la bacteria E.coli.   

Los síntomas varían según el grado de gravedad y el tipo de infección y pueden ser muy parecidos a los causados por otras enfermedades aviares, por lo que para obtener un diagnóstico inequívoco es preciso realizar un análisis de laboratorio. 

Las principales lesiones que provoca la colibacilosis aviar afectan al sistema respiratorio  por la infección de los órganos respiratorios, al sistema intestinal a través de enteritis (inflamación del vientre), onfalitis (inflamación del ombligo) y de otras infecciones intestinales e umbilicales que afectan a los pollitos. Las septicemias graves son el grado más peligroso de esta enfermedad porque pueden provocar inflamación y hemorragias en intestinos, hígado, bazo y riñones e incluso provocar la muerte. La colibacilosis, ocasionalmente, también puede afectar al aparato locomotor al causar infección en las articulaciones del ave.

En la mayoría de casos, las aves afectadas padecen letargo, deshidratación, diarreas, inapetencia y sus plumas aparecen desordenadas y enmarañadas. Otros síntomas frecuentes son dificultad respiratoria y estornudos. 

Exceso de temperatura o frío, deficiente alimentación, inadecuada ventilación, estrés  y la presencia de otros agentes patógenos como micoplasmas y virus pueden facilitar la propagación y el agravamiento de la enfermedad.

Para prevenir esta enfermedad es preciso extremar los cuidados en nuestro aviario, mantenerlo ajeno a todo tipo de agentes patógenos, un correcto manejo de las aves, cumplir un escrupuloso programa de limpieza e higiene y no suministrar ni alimentos ni agua en mal estado. 

El tratamiento y control de la colibacilosis aviar se fundamenta en la medicación a base de antibióticos y en la vacunación a través de vacunas inactivadas, bajo la supervisión de un veterinario autorizado. 

CÓLERA AVIAR

La cólera aviar es una enfermedad infecciosa y muy contagiosa que afecta a todo tipo de aves y, sobre todo, a aves debilitadas. La cólera aviar ya fue registrada en el siglo XVII y su agente portador es la bacteria Pasteurella multociday su transmisión se produce principalmente vía respiratoria y a través de heces, agua contaminada, tejidos y heridas cutáneas, pero nunca se transmite a través del huevo. 

Los síntomas generales más característicos que puede provoca la cólera aviar destacan depresión, pérdida de apetito y consecuente pérdida de peso, parálisis producida por la inflamación de las articulaciones, inflamación de las barbas, respiración dificultosa, diarreas y cianosis de la cabeza y barbilla.

La cólera aviar puede manifestarse en tres estados agudo, hiperagudo y crónico. En su forma aguda provoca falta de apetito y la consecuente pérdida de peso, diarreas de color verde amarillento, desórdenes vasculares, cianosis en cabeza y barbilla, así como parálisis debido a las inflamaciones en patas, dedos y articulaciones. Una afectación hiperaguda puede provocar la muerte repentina y fulgurante de aves que, aparentemente y a simple vista, estaban totalmente sanos. Por último, en su forma crónica la cólera aviar puede producir edemas tanto en la cara como en las barbillas.

El correcto manejo de los individuos y la limpieza y desinfección total de las instalaciones y de los instrumentos utilizados son las medidas sanitarias más eficaces para prevenir esta enfermedad. Además, para paliar la cólera aviar y lograr inmunidad ante su acción patógena, existe la posibilidad de aplicar antibióticos y vacunas, siempre que estén supervisadas por el control de un veterinario. 

BOTULISMO AVIAR

La toxina botulínica denominada también botulina, producida por la bacteria Clostridium botulinumes la responsable del botulismo aviar, enfermedad que puede afectar a todo tipo de aves, tanto gallinas como perdices, pavos y sobre todo aves acuáticas. La intoxicación se produce principalmente por la ingestión de alimentos en mal estado de conservación o agua contaminada.

La presencia de este microorganismo responsable del causar botulismo aviar es muy común en el medio ambiente y su desarrollo es más habitual en hábitats cuyo grado de humedad y de temperatura sea relativamente alta.

Aviarios cuya concentración de oxígeno sea baja y zonas húmedas en las que haya materia orgánica en descomposición son enclaves propicios para el desarrollo de esta toxina, caracterizada por su alto nivel de toxicidad. Por su hábitat natural y por su contacto permanente con el agua, las anátidas son aves muy susceptibles a padecer esta infección. 

Los indicios más visibles de botulismo aviar son decaimiento, inapetencia y debilidad acompañado de parálisis en el cuello y en las patas. Ojos apagados, caída de plumas del dorso del ave o diarrea son otros síntomas que puede provocar esta nociva intoxicación. 

Los esfuerzos del avicultor deben centrarse en la prevención y en eliminar los resquicios de la toxina por lo que debe cumplir un programa estricto de limpieza y desinfectación de las instalaciones, así como una renovación constante del agua de las aves. 

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