Cómo afecta el calor a las gallinas: protégelas en verano

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El calor y las gallinas: grandes enemigos
   25 de junio de 2019

El calor y las gallinas: grandes enemigos

En la avicultura de ocio y en la cría de gallinas a menudo nos inquietamos, erróneamente, del efecto del frío en nuestras gallinas, cuando salvo excepciones en cotas altas donde frecuentan la nieve y el hielo, el frío debe ser la menor de nuestras preocupaciones.

A diferencia de otros países europeos como Francia, Alemania o Países Bajos cuyos veranos son más suaves, en nuestro país, aunque el clima es muy variado, la mayoría de las regiones son muy calurosas y en los meses de verano soportan temperaturas muy elevadas. Es el calor y las altas temperaturas, y no el frío, las que suponen un riesgo para nuestra afición por las gallinas.

La temperatura de confort de las gallinas se sitúa entre 14º y 26º, mientras que superados los 30º, las condiciones ambientales se empiezan a complicar y nuestras gallinas necesitan de nuestra ayuda para superar la situación sin sufrir en exceso.

Frente al calor y a las altas temperaturas, las gallinas no están del todo indefensas, pues contrariamente a lo que podamos llegar a creer, las plumas, al formar un colchón de aire, sirven de regulador térmico tanto para el frío como para el calor. Otro aspecto que tiene cierta importancia es el color del plumaje, pues el blanco refleja el calor y el negro lo captura;  pensadlo antes de elegir vuestras próximas gallinas.

Por otro lado, al no tener glándulas sudoríparas, las gallinas se refrescan mediante un jadeo característico, que puede inducirnos a error y pensar que la gallina está sufriendo por el calor. Sin embargo, es totalmente cierto que, para reducir su propia temperatura corporal, las gallinas instintivamente reducen su alimentación y comen mucho menos que durante el resto del año.

Otra consecuencia de las altas temperaturas que tenemos que tener en cuenta es que, además de la reducción de la puesta en esta época del año, los efectos del calor en la alimentación, provocan una bajada en el peso y tamaño de los huevos y de la calidad de las cáscaras.

Si vivimos en Andalucía, Extremadura o zonas de interior donde en los meses de julio y agosto es habitual alcanzar e incluso superar los 40º, debemos llevar a cabo una serie de recomendaciones para ayudar a nuestras gallinas a que pasen mejor los sofocos veraniegos. Su autodefensa tiene unos límites, por lo que debemos adecuar y aclimatar nuestros gallineros para garantizar el confort de nuestros animales.

¿Cómo ayudar a nuestras gallinas a soportar mejor el calor?

En condiciones extremas es cuando la calidad del gallinero es más importante. El gallinero debe estar fabricado con materiales aislantes, debe estar perfectamente ventilado y dotado de perchas para que las gallinas puedan descansar bien por las noches. Los ponederos deben estar a la sombra, de igual forma que los bebederos para que el agua no se caliente en exceso y los comederos para que el pienso permanezca en buen estado y no se estropee con el sol. No dudéis, si es necesario, colocar sombrajes, como los que tienen los invernaderos o cualquier tipo de mecanismo para ganar zonas de sombra. ¡Cuantas más sombras tenga nuestro gallinero en verano, mejor para nuestras gallinas!

Si disponemos de un patio o un pequeño terreno con algún árbol o arbusto, es en verano donde más se aprecia un poco de vegetación. Es al pie de los árboles donde las gallinas se beneficiarán de un poco de frescor y donde gustosamente removerán la tierra. En verano y con temperaturas muy altas, la hierba de nuestras fincas estará muy seca, por lo que es imprescindible regar de vez en cuando y suministrar a nuestras gallinas hierba verde fresca y compensarlas con restos de comida refrescante como melón, sandía o pepino.

El agua debe ser una constante en nuestro gallinero. El agua debe estar siempre limpia, fresca y, en días de excesivo calor, debemos renovarla varias veces para asegurarnos de que no se caliente.  Si por alguna razón, vamos a estar todo el día fuera o hace demasiado calor, podemos echar algún cubito de hielo para mantener fresca el agua de los bebederos durante un mayor tiempo. Los bebederos deben estar perfectamente limpios con el fin de evitar que proliferen las bacterias y deben estar colocados en zonas de sombra, en lugares muy ventilados. En caso de canícula, es deseable cambiar el agua varias veces al día para asegurarnos que no se caliente.

La higiene y la limpieza es una asignatura obligatoria que debemos llevemos llevar a rajatabla en nuestra afición y, más aún en las épocas de mayor calor.  El calor seca rápidamente los excrementos y emiten menos amoníaco, pero aún así, debemos continuar limpiando en profundidad nuestros gallineros para reducir a la mínima expresión los riesgos derivados de las altas temperaturas. 

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